domingo, 31 de mayo de 2009

INVITACIÓN PARA EL JUEVES 4 DE JUNIO EN EL ISFD Nro.21

Charla sobre corrientes historiográficas
Expone el profesor

Norberto Galasso

en el Instituto Superior de Formación Docente Nº 21
Dr. Ricardo Rojas Ubicado en las calles Merlo y Uruguay.
Norberto Galasso nació el 28 de julio
de 1936, en Buenos Aires, Argentina.
Ensayista e historiador, es un revisionista. Estudió en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y egresó como contador, en 1961.
Ha aportado al pensamiento nacional y popular.
Es autor de una gran cantidad de obras
, por eso en apretada síntesis citaré sólo algunas de sus más importantes producciones:
“Mariano Moreno y la Revolución Nacional”. Editorial CoyoacánCoordinó la obra “Los Malditos” (tres tomos). Ediciones del Pensamiento Nacional“¿Qué es el socialismo nacional?” - Editorial Ayacucho “Vida de Raúl Scalabrini Ortiz”. Centro de Estudios Argentinos“Manuel Ugarte” (dos tomos). EUDEBA “Manuel Ortiz Pereyra, precursor de FORJA” – Centro Editor“J. J. Hernández Arregui: del peronismo al socialismo”. Ediciones del Pensamiento Nacional“Discépolo y su época” - Editorial Jorge Álvarez“Escritos inéditos de Discépolo” - Editorial del Pensamiento Nacional“La Unión latinoamericana, antología de Ugarte” Editorial Ayacucho – Venezuela“La Izquierda Nacional y el FIP”.Centro Editor“Imperialismo y pensamiento colonial en la Argentina”. Roberto Vera Editor“Jauretche y su época”. Editorial Peña Lillo“Dos Argentinas” Arturo Jauretche- Victoria Ocampo- Correspondencia inédita sus vidas – sus ideas – Homo Sapiens Ediciones“La Larga Lucha de los Argentinos y cómo la cuentan las diversas corrientes historiográficas”. Ediciones del Pensamiento Nacional“Seamos libres y lo demás no importa nada” (vida de San Martín). Editorial Colihue“Perón” (dos volúmenes), Colihue"Aportes críticos a la Historia de la Izquierda Argentina" (2 tomos). Editorial Nuevos Tiempos
Profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires.

Jueves 4 junio a las 20:00hs.
Entrada libre y gratuita a toda la comunidad
Organiza el
Centro de Estudios Económicos y Sociales Ricardo Rojas
Para más información al
c.e.e.s.r.r@hotmail.com ceesrr.blogspot.com

domingo, 10 de mayo de 2009

Cordobazo

Rodolfo Walsh

Trabajadores metalúrgicos, del transporte y otros gremios declaran paros para los días
15 y 16 de Mayo, en razón de las quitas zonales y el no reconocimiento de la
antigüedad por transferencias de empresas.
Los obreros mecánicos realizaban una asamblea y son reprimidos, defienden sus
derechos en una verdadera batalla campal en el centro de la ciudad el día 14 de Mayo.
Los atropellos, la opresión, el desconocimiento de un sin números de derechos, la
vergüenza de todos los actos de gobierno, los problemas del estudiantado y los centros
vecinales se suman.
Se paraliza totalmente la ciudad el 16 de mayo. Nadie trabaja. Todos protestan. El
gobierno reprime.
En Corrientes es asesinado el estudiante Juan José Cabral. Se dispone el cierre de la
Universidad.
Todas las organizaciones estudiantiles protestan. Se preparan actos y manifestaciones.
Se trabaja en común acuerdo con la CGT.
El día 18 es asesinado en Rosario, el estudiante Adolfo Ramón Bello. Se realiza con
estudiantes, obreros y sacerdotes tercermundistas una marcha de silencio en
homenaje a los caídos.
El 23 de Mayo es ocupado el Barrio Clínicas por los estudiantes y son apoyados por el
resto del movimiento estudiantil.
El 26 de Mayo el movimiento obrero de Córdoba resuelve un paro general de las
actividades de 37 horas a partir de las 11 horas, para el 29 de Mayo, con abandono de
trabajo y concentraciones públicas de protesta.
Los estudiantes adhieren en todo a las resoluciones de la CGT. Los estudiantes
organizan y los obreros también. Millares y millares de volantes reclamando la vigencia
de los derechos conculcados inundan la ciudad los días previos.
El 29 de Mayo amanece tenso. Los trabajadores de luz y fuerza son atacados con
bombas de gases a la altura de Rioja y Gral. Paz. Una vez más la represión está
marcha.
Las columnas de los trabajadores de las fábricas automotrices llegan a la ciudad y son
atacados. El comercio cierra sus puertas y la gente inunda las calles.
Corre la noticia de la muerte de Máximo Mena, obrero mecánico. Se produce un
estallido popular, la rebeldía contra tanta injusticia, contra los asesinatos, contra los
atropellos. La policía retrocede. Nadie controla la situación.
Es el pueblo. Son las bases sindicales y estudiantes que luchan enardecidas. El apoyo
total de la población.
Es la toma de conciencia contra tantas prohibiciones. Nada de tutelas ni usurpadores
del poder, ni de cómplices participacionistas.
El saldo de la batalla de Córdoba, "El Cordobazo", es trágico. Decenas de muertos,
cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan una
página histórica argentina y latinoamericana que no se borrará jamás.
En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad del pueblo,
sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo
del hombre, sino su hermano.
"Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan
historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar
de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las
lecciones se olvidan.
La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas
las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo..."
Extraído de "Periódico de la CGT de los Argentinos". Colección Completa. Números 1 al 55. Mayo de 1968

jueves, 30 de abril de 2009

1° de mayo - Día del trabajador

Autor: Felipe Pigna. Editorial Caras y Caretas, mayo 2006.


Mayo es un mes marcado por una historia, una tradición de lucha que arrancó un primero de mayo de 1886 allá en Chicago, cuando un grupo de trabajadores organizó una movilización popular en reclamo de la jornada de ocho horas en una época en que lo “natural” era trabajar entre 12 y 16 horas por día. La mayor democracia del mundo respondió brutalmente y, fraguando un atentado, encarceló a un grupo de militantes populares en los que intentó escarmentar a toda la clase trabajadora de los Estados Unidos y por qué no, de todo el mundo. Tras un proceso plagado de irregularidades, fueron detenidos los dirigentes anarquistas Adolph Fisher, Augusto Spies, Albert Parsons, George Engel, Louis Lingg, Michael Schwab, Samuel Fielden y Oscar Neebe. Los cuatro primeros fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887. Lingg prefirió suicidarse con una bomba que él mismo había preparado en la cárcel antes de padecer la “justicia del sistema”. Miguel Schwab y Samuel Fielden fueron condenados a prisión perpetua y Oscar Neebe a 15 años cárcel. Miguel Schawb dijo al escuchar su condena que reconocía a aquel tribunal ninguna autoridad y que su lucha y la de sus compañeros era de una justicia tan evidente que no había nada que demostrar y que ellos luchaban por las 8 horas de trabajo pero que: “Cuatro horas de trabajo por día serían suficientes para producir todo lo necesario para una vida confortable, con arreglo a las estadísticas. Sobraría, pues, tiempo para dedicarse a las ciencias y el arte". Porque, claro, las ciencias y el arte deben ser para todos. Pasaron 109 años de aquellos crímenes de Chicago y pasó mucha agua y mucha sangre bajo el puente. Los obreros de todo el mundo eligieron el primero de mayo como jornada de lucha, de recuerdo de sus compañeros y de lucha por sus derechos, de ratificación de su condición de ciudadanos libres, con plenos derechos, según decían las propias constituciones burguesas que regían la mayoría de los Estados modernos. En nuestro país cada primero de mayo nuestros trabajadores tomaron las calles desafiando al poder, recordándole que existían y que no se resignarían a ser una parte del engranaje productivo. La lucha logró la reducción de la jornada laboral, las leyes sociales y la dignificación del trabajador. El poder se sintió afectado y en cada contraofensiva cívico-militar como las del 55; 62; 66; 76 y 89 (esta vez a través del voto), pretendieron y en ocasiones lo lograron, arrasar con las históricas conquistas del movimiento obrero. Persecuciones salvajes, secuestros, torturas y desapariciones, durante los gobiernos golpistas, amenazas de despidos, rebajas salariales, precarización laboral y la complicidad de algunos dirigentes sindicales, son en los últimos años las armas del poder para mantener y aumentar su tasa de ganancia a costa del sudor ajeno. Un incendio, un “accidente” en un taller textil puso a la vista de una sociedad que tiene una cierta tendencia a la mirada para otro lado: hay esclavos en el siglo XXI, y los hay acá, en Argentina. Trabajadores esclavos, sin derechos pero con muchas obligaciones. El capitalismo salvaje, para algunos una redundancia, nos extorsiona: quieren ropa más barata, éste es el precio. La realidad es otra, márgenes de ganancia escandalosos, avaricia sin límites, un Estado que hace la vista gorda, pero sobre todo la pérdida de valores básicos como la solidaridad, abonada en los 90, épocas hasta donde las leyes que protegían a los trabajadores se volvían tan “flexibles” como inflexibles se volvían las leyes que garantizaban el enriquecimiento ilícito de los funcionarios a los que se les pagaba sueldos y sobresueldos con la excusa de defender los derechos de los ciudadanos e inflexibles se volvían las seguridades jurídicas que, como sabemos, sólo son para los dueños del poder y las cosas. La esclavitud debe dolernos a todos, debemos volver a aquel humanismo que supimos conseguir, a dolernos y solidarizarnos con los más desprotegidos, aquel humanismo que proclamaba el Libertador San Martín cuando abolía la esclavitud en el Perú un 12 de agosto de 1821: “Una porción numerosa de nuestra especie ha sido hasta hoy mirada como un efecto permutable, y sujeto a los cálculos de un tráfico criminal: los hombres han comprado a los hombres, y no se han avergonzado de degradar la familia a la que pertenecen vendiéndose unos a otros. Las instituciones de los pueblos bárbaros han establecido el derecho de propiedad en contravención al más augusto que la naturaleza ha concedido.”
Autor: Felipe Pigna. Editorial Caras y Caretas, mayo 2006.

miércoles, 8 de abril de 2009

Eduardo Aliverti

Claroscuros


Alfonsín es una de las figuras más difíciles de totalizar, analíticamente, que haya dado la historia argentina. El periodista, éste, lo afirma en lo general y en lo personal. A cada paso en que se está a punto de defender su trayectoria, algo frena y dice “no, fue un transero que acabó siendo funcional a los intereses de la derecha”. Y a cada paso en que se queda al borde de decir eso, se dice “pero bueno, fue un tipo decente, con muchas limitaciones propias y ajenas, que hizo o supo hacer lo que pudo dentro de las fronteras de este sistema”.
Esa antítesis es, quizá, un correcto punto de partida para evaluar a Alfonsín. O sea: ubicar el lugar desde el que puede juzgárselo. Y hay dos lugares. Uno es el de lo que debió haber hecho visto con una perspectiva marcadamente ideológica, implacable, poco menos que ascética, digamos que de izquierda en la acepción más global pero también más precisa de ese término respecto de su carácter humanístico, solidario, valiente, movilizador. El lugar, vamos, gracias al cual la izquierda es mejor que la derecha. Desde ahí, desde ese sitio válido, Alfonsín defeccionó. Se rindió o jugó mal, como se quiera. Pero, en cambio, si lo vemos desde una mirada igualmente legítima en cuanto a honestidad intelectual, basada en que no fue ni podía ser más que lo dictaminado por su condición de político burgués, provinciano, lejano a todo contorno de líder revolucionario, puesto en circunstancias muy tironeantes, resulta que hizo más de lo que podía esperarse. Desde ese lugar y desde 1983, Alfonsín y Kirchner, por ponerlo en nombres concretos, representan lo más a la izquierda que comprobablemente se banca esta sociedad sin que eso quiera decir que uno haya sido, y el otro sea, de ese palo. Con la mirada uno, Alfonsín promovió las leyes de impunidad cuando, al margen de varas morales, el bando militar ya no tenía poder de imposición. Y por analogía, le regaló a Menem el Pacto de Olivos bajo una excusa de democracia amenazada que sólo existía en su cabeza, por citar apenas un par de ejemplos de los muchos que podrían esgrimirse acerca de sus claudicaciones. Con la mirada dos, en cambio y, también, sólo para ilustrar, se enfrentó a la Iglesia, aunque el cuero que le alcanzó para impulsar la ley de Divorcio no le dio para derrotarla en el Congreso Pedagógico; y afrontó a los milicos con una apuesta a la que, bien o mal, no se le animó ningún país latinoamericano ni del mundo. ¿Una mirada neutraliza a la otra, o pueden valer las dos? Mientras se piensa la respuesta, aunque sea pongámonos de acuerdo en la refutación de alguna de las tantas pelotudeces que se escucharon en estos días. Empezando por la mayor, que consistió en adjudicarle a Alfonsín el rol de “padre de la democracia”. Porque sólo a un desvariado puede ocurrírsele que la paternidad del retorno a las urnas tuvo un motivo central que no fuera la auto-estampida militar tras la catástrofe de Malvinas.
Hace casi veinte años, a pocas horas de haberle entregado el poder a la rata de manera anticipada como producto de la impericia de su partido, del hartazgo popular y del fenomenal “golpe de mercado” que le pegaron todas las fuerzas reaccionarias juntas, este periodista cerró su columna opinando que se despedía un gobierno considerablemente peor que lo imaginado por el más pesimista de sus críticos, cinco años y pico atrás; y bastante mejor que lo sugerido por ése, su triste final. Hoy, quien firma no encuentra la manera de no copiarse a sí mismo respecto de aquél razonamiento porque, a su juicio, se contienen en él las parábolas que Alfonsín protagonizó. Y sobre todo, porque en ellas se simboliza mucho de la idiosincrasia y de los avatares de esta sociedad; de su clase media muy en particular; y de una forma más específica todavía en cuanto a cómo se construye la política desde el partidismo tradicional, que ya no existe porque fue reemplazado, para peor, por haraganes varios que saben manejarse en la dictadura televisiva de la producción de sentidos y a partir de ahí hallar la cuadratura del círculo para resolver “la inseguridad”, bien que no ni la pobreza ni el hambre.
Con Alfonsín se fue alguien que encarnaba al rosquero; a la decencia individual; a la creencia de que por fuera de peronistas y radicales no sirve nada; a la cobardía de dejar pasar la historia por al lado cuando claudicó ante los milicos; al coraje de un costado relativamente épico que le permitió juzgarlos; a la enorme capacidad de diagnosticar y tejer poder para después no saber cómo usarlo; a la pasión militante, que tanto se extraña; al católico que se salteaba algún mandamiento; al que para (intentar) salvar a su fuerza partidaria entregó la/su República en manos del más canalla de los conmilitones; al enorme orador de carisma invicto, con artilugios retóricos que ya están en la historia y con otros que la historia no le perdonará, o no debería perdonarle; al gorila; al desgorilizado; al de los sueños truncos por sus contradicciones ideológicas. Con Alfonsín se fue un tipo que escenificaba algo de lo mejor y de lo peor de nosotros, en los graderíos que cada uno quiera darle a una cosa y a la otra. Por eso su muerte provocó tristeza o melancolía, más allá de que se las vio concentradas sólo en los sectores medios; y de que el impresionante despliegue comunicacional que las reflejó tuvo un indisimulable tufillo a aprovechamiento político, en el sentido de oponer una imagen de hombre ilustre y dialoguista contra la irritación que despierta el gobierno actual por su pugna con algunas facciones del establishment. Vaya casualidad, porque resulta que hasta su deceso no se le ocurrió a nadie que él era el hombre que la Argentina necesitaría en este momento. Sin embargo, eso no quita que la congoja fue auténtica. Lo cual es un mérito, más vale. En este país hubo y hay demasiada gente pública que adentro de un cajón despierta clima festivo o indiferencia. Y cabe dudar de que alguien se haya alegrado por la muerte de Alfonsín.
Posdata: firmando solicitadas; robando cámara y micrófonos gracias a la pasividad de comunicadores que les sacaban frases como si fueran monjas de clausura; entrando al Congreso y/o al pie del féretro, se vieron algunas criaturas mediáticas devenidas en profesionales de la política, por cierto que engendradas en el vientre social, que debieron ausentarse si es que se trataba, como dicen, de llorar a un demócrata. Se vio a la dirigencia gauchócrata que se cansó de putearlo en la Rural, se vio a los que lo acostaron en el ’89, se vio a egregios socios comerciales de la dictadura, se vio a unos cuantos de los que supieron caracterizar al alfonsinismo como una patota judeo-comunista; se vio, en síntesis, a muchos de los que militan por instaurar una democracia de sus intereses de clase. Que los correligionarios del muerto los hubiesen echado de ahí habría sido mucho pedir: de hecho, buena parte o una mayoría de ellos participan de coaliciones políticas y sociales que reclaman acabar como sea con un gobierno al que denominan “el régimen”. Pero no es desmedido, en cambio, recriminarles a esos filibusteros que hayan puesto el cuerpo, en lugar de haberse guardado sus lágrimas de caimán. Como no fuera para subirse a un retrato de republicanismo consensual que todas sus actitudes desmienten, no tenían nada que hacer en ese acompañamiento post mortem, en el que, simbólicamente, se honraba a un hombre de la democracia. Algunas horas a destiempo: tómenselas de ese velorio. Si acaso era cuestión de proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar la libertad siquiera para el bla bla del Preámbulo, ustedes no tenían nada que hacer ahí, manga de fachos.

MARCA DE RADIO, sábado 4 de abril de 2009.

A 33 años del inicio de la última dictadura militar

JUSTICIA Y DEMOCRACIA EN ARGENTINA

Declaración de la Comisión Provincial por la Memoria
-Los juicios por delitos de lesa humanidad, cometidos en el marco del terrorismo de estado, constituyen un valor ético fundamental e irrenunciable para los argentinos, requieren de un compromiso público por parte de todas las fuerzas sociales y políticas para sostener y profundizar con la mayor celeridad este necesario proceso para toda la sociedad argentina. -En reiteradas oportunidades hemos manifestado nuestra profunda preocupación por dilaciones y retrasos que acechan a los juicios contra represores, implicando el riesgo de tornar ilusoria la justicia para una importante cantidad de víctimas. El principio procesal de celeridad, además de un criterio jurídico, debe ser indudablemente un elevado compromiso por parte de todos los poderes del estado y actores de este proceso máxime cuándo en la Argentina, durante más de treinta años permanecieron ocluidos los caminos de la justicia. En el juzgamiento de los delitos de lesa humanidad el principio de imprescriptibilidad debe ir de la mano con el de celeridad. -El debate público en torno de este tema protagonizado por representantes de los tres poderes debe ser una oportunidad para poner en marcha un ámbito de decisiones que permita ofrecer las respuestas necesarias. Ni la Corte, ni el Poder Ejecutivo, ni el Poder Legislativo pueden desentenderse de sus responsabilidades. Es en ese ámbito y a través de la cooperación de poderes, que deben buscarse los mecanismos para agilizar los procesos, evitar la fragmentación de los juicios, dotarlos de los recursos e infraestructura necesarios, garantizar la efectiva y amplia publicidad de las audiencias y promover las sanciones que correspondan a los magistrados que mediante argucias formales dilaten las causas, permitiendo que el simple paso del tiempo consagre la impunidad. -La creación de nuevos tribunales y la designación de jueces recientemente anunciadas, constituyen una renovada oportunidad para mejorar la calidad institucional del Poder Judicial y el real compromiso de la magistratura con el cumplimiento de los principios consagrados por los pactos internacionales sobre Derechos Humanos ratificados por la Argentina. -Desde la reapertura de las causas penales, se produjeron 44 condenas. Hay actualmente 547 represores procesados. De ellos sólo 388 están detenidos y 47 permanecen prófugos. Apenas cuatro juicios están previstos para el 2009. Estos datos dan cuenta de la ausencia de una estrategia global para la implementación de los juicios por delitos de lesa humanidad. Pero la lentitud y fragmentación de los procesos sumados al accionar dilatorio y en muchos casos, a la afinidad ideológica de los magistrados con los represores, tienen ya una grave consecuencia: las excarcelaciones de criminales de lesa humanidad. -Las excarcelaciones dispuestas por la Cámara de Casación Penal en diciembre de 2008 en beneficio de Astiz y Acosta, generaron una inmediata reacción política y el unánime repudio social. Ambas se frustraron ante la rápida apelación fiscal y el pedido de juicio político a los jueces responsables de la medida. Sin embargo las excarcelaciones y los pedidos de libertad se siguen produciendo silenciosamente o están en instancia de apelación. Para citar sólo un ejemplo, que corresponde al circuito represivo de La Plata: todos los imputados por el centro clandestino de Arana fueron liberados. Es curioso que el beneficio que se le niega a los presos comunes imputados por delitos de menor envergadura, se les otorgue a los responsables de los más atroces crímenes contra la humanidad, con el riesgo de frustrar el proceso penal. Invierte todos los principios básicos de una justicia democrática, que los procesados por asesinatos, desapariciones y torturas durante el terrorismo de Estado esperen en libertad el juicio oral, mientras miles de detenidos comunes, sólo en la provincia de Buenos Aires, pasan en promedio, entre 3 y 4 años privados de su libertad y sin condena firme. -Entendemos que definir una política pública que sustente la continuidad de los juicios y haga efectivo el principio de justicia para las víctimas significa atender las peculiaridades de juzgar delitos de lesa humanidad treinta años después de perpetrados. La recuperación de los archivos existentes relacionados con la represión es parte de un camino que la Comisión por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires viene transitando hace 10 años. Un informe pormenorizado de los aportes más importantes que, desde el Archivo de la DIPBA, hemos realizado a la justicia fue entregado recientemente a la Procuración General de la Nación y también será oportunamente entregado al resto de los poderes y actores de estos procesos. Se han realizado hasta el momento 2014 informes a requisitoria de la justicia y se aportó documentación, entre otras, a las causas que se llevan adelante en torno a Campo de Mayo, Arana, Brigada de Investigaciones de La Plata, Hospital Posadas, Contraofensiva, Patti, La Cacha. -Resulta preocupante que la investigación sobre la desaparición de Jorge Julio López vuelva a estar nuevamente paralizada y entrampada por diversos incidentes judiciales. Tras la excusación del Juez Corazza, fue desplazada de la investigación la Secretaría especial con cuya intervención se habían logrado en pocos meses significativos avances. Un cambio de Secretaría dejaría truncas importantes medidas de prueba e implicaría un nuevo e intolerable retraso para una investigación judicial que desde hace dos años y medio no logra determinar quiénes fueron los ejecutores y quiénes los instigadores de la desaparición de Jorge Julio Lopez. -La memoria del terrorismo de estado y el camino transitado en estos 33 años de reclamo de verdad y justicia, renuevan nuestro compromiso con la agenda de derechos humanos del tiempo que nos toca transitar. Observamos con preocupación una opinión pública permeable a los discursos que desde la plataforma de la inseguridad pregonan el miedo, el encierro y la estigmatización de los sectores más vulnerables. En la provincia de Buenos Aires en particular, hemos advertido sobre las consecuencias de endurecer aún más un sistema penal que lejos de garantizar la igualdad de acceso a la justicia, tiende a profundizar la exclusión y criminalizar la pobreza. Una política de seguridad seria debe empezar por reconocer que el delito y la violencia tienen raíces complejas, tanto sociales como institucionales: la desintegración de lazos sociales, el desempleo, la exclusión, la corrupción y las falencias policiales y judiciales. El impulso de políticas represivas por sobre las orientadas a la equidad social y la redistribución de la riqueza, sólo contribuirá a alimentar la espiral de violencia e injusticia. COMISION POR LA MEMORIA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES:Adolfo Pérez Esquivel, Hugo Cañón, Laura Conte, Aldo Etchegoyen, Víctor Mendibil, Mauricio Tenembaun, Elisa Carca, Víctor De Gennaro, Elizabeth Rivas, Susana Méndez, Fortunato Mallimacci, Daniel Goldman, Luis Lima, Roberto Tito Cossa, Martha Pelloni, Mempo Giardinelli, Carlos Sanchez Viamonte, Verónica Piccone, Emilce Moler, Miguel Hesayne.

lunes, 30 de marzo de 2009

La crisis y los trabajadores

La crisis y los trabajadores

Emir Sader

Los trabajadores fueron y continúan siendo las víctimas privilegiadas de las políticas neoliberales. La instauración del neoliberalismo se hizo a partir de un inmenso viraje en la correlación de fuerzas entre las clases fundamentales, con un aumento exponencial en la apropiación del excedente, por parte del gran capital a costa de los trabajadores.Las formas fueron múltiples, a través de la combinación entre la precarización de las relaciones de trabajo, que llevó a que la mayoría de los trabajadores no tenga contrato de trabajo; el desempleo abierto y velado; la extensión de las jornadas de trabajo; la intensificación de las precarias condiciones de trabajo; la fragmentación de la clase trabajadora y las consecuentes dificultades de organización que produce, entre otras.Como resultado, se debilitó el sindicalismo, así como la identidad del mundo del trabajo, al mismo tiempo que los medios de comunicación contribuían decisivamente invisibilizando los temas del mundo del trabajo. Las teorías del “fin del empleo” en realidad son referidas a los intentos de extinción del empleo formal, porque nunca tantos vivieron de su trabajo como en el mundo actual, pero al hacerlo bajo condiciones heterogéneas, trabajando en varias actividades al mismo tiempo o cambiando de actividades de un mes para otro, terminan dificultando la organización, debilitando la cultura del trabajo y la asunción de la identidad de trabajador, así como de las profesiones, que cambian de un momento para el otro.Las políticas neoliberales produjeron también un gran proceso de proletarización de amplios sectores de las clases medias, empobrecidas por la pérdida del empleo formal y por la concentración de la renta a partir de las políticas implementadas por los gobiernos. El mundo del trabajo nunca congregó a tanta gente, aunque las condiciones del trabajo concreto nunca fueron tan diversificadas. Lo que no impide que todos sean superexplotados y fuente fundamental de la gigantesca acumulación de capital que producen las grandes fortunas exhibidas obscenamente por los medios.Las políticas mínimamente antineoliberales de algunos gobiernos – concentrados en América Latina – permitieron que se retomara cierto nivel de empleos formales, aunque con baja calificación, volviendo a dar relativa fuerza de negociación a los sindicatos y de protagonismo a las centrales sindicales. Las políticas redistributivas mediante programas sociales y la elevación real de los salarios, promovieron la extensión y el fortalecimiento del mercado interno de consumo popular, al mismo tiempo que, en algunos casos, el movimiento sindical volvió a obtener ciertos espacios de protagonismo público, aunque casi siempre saboteado por los medios.La crisis hizo que volviera a recaer sobre los trabajadores el peso de la recesión provocada por la especulación financiera, de la que se valen las empresas para, como primera medida, despedir trabajadores. En los años de crecimiento que antecedieron a la crisis, se multiplicaron las ganancias; en el momento de la recesión, las empresas ni siquiera queman una parte de los lucros acumulados, despidiendo inmediatamente a miles de trabajadores, como si el derecho al empleo no fuese un derecho esencial para la inmensa mayoría de la población, que vive de su trabajo.Los gobiernos y las fuerzas políticas en este momento se diferencian: unas se juegan todos sus esfuerzos para disminuir los efectos de la recesión y garantizar ritmos de continuidad en el crecimiento económico, al lado de la garantía del empleo, y las otras, las que apuestan a la catástrofe económica, creyendo que, con eso, se debilitan los gobiernos que ponen el énfasis en las políticas sociales. Los trabajadores y sus organizaciones tienen que alinearse en torno a esa polarización, luchando para que las medidas de los gobiernos para alimentar el nivel de crecimiento económico sean todas indisolublemente ligadas a la garantía del empleo – derecho esencial, si queremos construir una democracia social.

viernes, 27 de marzo de 2009

¿Quien mata debe morir?

Página 12 del Jueves 19 de Marzo de 2009


Víctimas y VICTIMAS
“¿Cuál es la operación biopolítica que lleva a que la muerte de una Víctima produzca un revuelo mediático, mientras que las muertes de otros miles de víctimas pasan inadvertidas?”
Por Gervasio Noailles *En las últimas semanas se ha hablado mucho de un discurso muy difundido en relación con qué hacer con quien comete un asesinato.
El dislate fue pronunciado por Susana Giménez y es algo más que un disparate irresponsable de una figura pública, son muchos los que se hacen eco de ese discurso.
Es por eso que vale la pena pensarlo para analizar la lógica que lo sostiene. El discurso de Susana –llamémoslo “Su discurso”– sostiene que “quien mata debe morir”.
Para analizar la estructura lógica que sostiene ese discurso se propone transformar la máxima de Giménez en pregunta: ¿quién que mata debe morir según Su discurso?Hay víctimas y Víctimas (con mayúsculas).
Según Su discurso, “Quien mata a una Víctima debe morir”, ya que las Víctimas tienen un derecho legítimo a descargar una violencia retaliatoria. Sin embargo, Su discurso no dice nada de las víctimas (con minúscula) que mueren cotidianamente –por abortos mal realizados, por falta de insumos en salas de atención médica, por violencia policial, de cáncer producto de agrotóxicos para cultivar soja transgénica–; tampoco dijo nada de las víctimas de la dictadura.¿Cuál es la diferencia entre una Víctima y una víctima? ¿Cuál es la operación biopolítica que lleva a que la muerte de una Víctima produzca un revuelo mediático mientras que las muertes de otros miles de víctimas pasan inadvertidas?René Girard (La víctima y lo sagrado, Anagrama, 1983) sostiene que hay víctimas que cumplen con un rol social: las llama “víctimas sacrificiales” o “víctimas propiciatorias”. En los pueblos que carecen de un sistema judicial que centralice los castigos por violar la ley, se corre el riesgo de una escalada de violencia retaliatoria que podría destruir a la comunidad. Para evitar eso, la violencia es descargada en rituales sacrificiales en los que se mata animales. En el modelo teórico de Girard, la víctima sacrificial es aquella sobre la que la sociedad desvía una violencia que amenaza con lastimar a sus propios miembros. La víctima sacrificable debe conservar algún tipo de parecido con los miembros de la sociedad a los que sustituye para ser receptora de la violencia desplazada.La lógica sacrificial se sostiene en un punto de tensión entre la continuidad (la semejanza) y la discontinuidad (la diferencia) entre la víctima y los seres humanos sustituidos por ésta. Si la diferencia entre la víctima y la comunidad es muy grande, la víctima no podrá atraer hacia sí la violencia que circula en la sociedad. Si al contrario existe un exceso de continuidad, la violencia circulará con demasiada facilidad, tanto en un sentido como en otro y el sacrificio perderá su razón de ser. Si el sacrificio logra su objetivo, debe ser entendido como una violencia purificadora; pero si ocurre exceso de semejanza o de diferencia entre la víctima sacrificial y los miembros de la comunidad sustituidos por ésta, se genera la crisis sacrificial.Un pasaje central del Antiguo Testamento ilustra esta lógica. Caín y Abel tienen distintas actividades y ambos ofrecen en sacrificio –en holocausto, dice el texto bíblico– a Dios el producto de su trabajo. Caín cultiva la tierra y ofrece a Dios el fruto de su cosecha. Abel es pastor y sacrifica a los primogénitos de su rebaño. Los animales sacrificados por Abel cumplen con la condición de semejanza necesaria para ser víctimas sacrificiales. Caín –al no contar con animales para dar en sacrificio– no tiene la posibilidad de ofrecer a Dios el engaña violencia que es el sacrificio animal. Es por ello que se ve llevado a sacrificar a Abel. En esta misma línea de análisis, Dios envía un cordero a Abraham otorgándole así una víctima sacrificial sustituta: de esta manera Isaac es salvado de la violencia sacrificial que debía recaer sobre él.En los sistemas rituales judaico o de la Antigüedad clásica, las víctimas son casi siempre animales, mientras que, en otros sistemas, los miembros de la comunidad amenazados por la violencia se sustituyen con seres humanos.La ganancia que se obtiene al depositar la violencia en la víctima sacrificial es que se trata de un individuo –ser humano o animal– que no es defendido por nadie y, por lo tanto, no hay peligro de una violencia recíproca que podría provocar una escalada de violencia que llevaría a la destrucción de la comunidad. Al depositar la violencia en una víctima sacrificial, lo que se obtiene es una descarga violenta sin el peligro de la retaliación.Dentro de este esquema, la función de la víctima sacrificable es proteger a los miembros de la comunidad de una violencia –que, al igual que Freud o Benjamin, Girard considera estructural y fundante– que, de no ser expiada sobre la víctima sacrificial, crecería exponencialmente hasta destruir a la comunidad.Girard otorga un lugar estructural a las víctimas sacrificiales, ya que, en su modelo teórico, las comunidades que no han contado con mecanismos para expiar la violencia fundante se destruyen a sí mismas al quedar atrapadas en escaladas ilimitadas de violencia retaliatoria.En el modelo teórico de Girard no existe ninguna diferencia esencial entre la lógica sacrificial cuando la víctima es un ser humano o un animal. Cabe preguntarse entonces cuáles son las condiciones que permiten que un ser humano pueda ocupar el lugar de víctima sacrificable en el mundo contemporáneo.El homo sacer es una figura del derecho romano que se refiere a la vida a la que se le puede dar muerte lícitamente. Es una figura jurídica que implica a la vez la impunidad de darle muerte y la prohibición de su sacrificio. El homo sacer es, por lo tanto, alguien a quien se puede matar sin realizar un asesinato y sin que se trate de una muerte ritual. Giorgo Agamben señala que la figura del sacer es condición necesaria para la constitución del orden jurídico-político.Agamben introduce la relación de bando como aquella que “ha constituido desde el origen la estructura propia del poder soberano”. (Agamben, Homo sacer I, Madrid, Editora Nacional, 2002.) El que ha sido puesto en bando no queda sencillamente fuera de la ley ni es indiferente a ésta, sino que es abandonado por ella, es decir, queda expuesto y en peligro en el umbral en que vida y derecho, exterior e interior, se confunden. La relación originaria de la ley con la vida no es aplicación, sino el abandono (Agamben, ob. cit.)Que la relación de bando conforme la estructura de poder soberano le permite a Agamben afirmar que el poder político se funda en una vida a la que se le puede dar muerte y que ésta se politiza a partir de la posibilidad de que se le dé muerte.La analogía estructural entre excepción soberana y sacratio muestra aquí todo su sentido. En los límites extremos del ordenamiento, soberano y homo sacer ofrecen dos figuras simétricas que tiene la misma estructura y están correlacionadas, en el sentido de que soberano es aquel con respecto del cual todos los hombres son potencialmente homini sacri, y homo sacer es aquél con respecto al cual todos los hombres actúan como soberanos (Agamben, ob. cit.).Discurso SuSegún la lógica de Su discurso, la muerte de una Víctima genera un escándalo, ya que se trata de lo que Girard llama una crisis sacrificial: una situación donde la violencia social se ha descargado sobre una víctima que cuenta con atributos identitarios que lo asemejan en demasía al grupo que quiere expiar la violencia fundante.Las víctimas (con minúscula) son los homini sacri, aquellos a los cuales todos los hombres pueden dar muerte sin que ello implique delito alguno. Son semejantes y son diferentes y, por lo tanto, cumplen el rol sacrificial: pueden ser matados sin que ello implique delito alguno. El rasgo de continuidad –de semejanza– está dado por su condición de seres humanos; el rasgo de discontinuidad –de diferencia– está dado por ser culpables –no importa de qué– o sospechosos de ser culpables.Un supuesto implícito en Su discurso sostiene que las Víctimas son inocentes. Esta construcción está fuertemente determinada por la tradición judeocristiana. Al rastrear el lugar dado a las víctimas en el Antiguo Testamento, se observa con claridad cómo el discurso bíblico considera víctimas sólo a quienes son enteramente inocentes.Noé era un hombre justo, irreprochable entre sus contemporáneos, y siguió siempre los caminos de Dios. Tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Pero la tierra estaba pervertida a los ojos de Dios y se había llenado de violencia. Al ver que la tierra se había pervertido, porque todos los hombres tenían una conducta depravada, Dios dijo a Noé: “He decidido acabar con todos los mortales, porque la tierra se ha llenado de violencia a causa de ellos. Por eso los voy a destruir junto con la tierra (Génesis, 6: 914).El pasaje es contundente: quienes son culpables de haber pervertido la tierra pueden ser destruidos por Dios sin que por ello sean víctimas de la furia divina. El paradigma de la víctima inocente es Jesús, quien muere en la cruz por pecados que él no ha cometido. En El porvenir de una ilusión (1927), Freud se pregunta en dónde radica la fuerza interna de las representaciones religiosas. Freud señala que se puede llamar ilusión a una creencia “cuando en su motivación esfuerza sobre todo el cumplimiento de deseo”. Freud concibe a las representaciones religiosas como ilusiones, por lo tanto se puede concebir la representación religiosa sobre las víctimas como una satisfacción sustitutiva de un deseo reprimido.Una contribución fundamental de la teoría psicoanalítica al tema estudiado sería aportar elementos que permitan hipotetizar acerca del tipo de satisfacción que permite el discurso que concibe a las víctimas como enteramente inocentes. Como hipótesis, se plantea que la ganancia que se obtiene con la construcción de víctimas inocentes es la habilitación para un modo primario de descarga sin mediaciones de ningún tipo. Si para ser considerado Víctima es necesario ser inocente, entonces quien es culpable puede ser receptor de una acción violenta sin que ello implique delito alguno. Si esto es así, el discurso que impone la condición de inocencia a las víctimas es solidario del discurso de la justicia por mano propia. La construcción de la Víctima inocente posibilita un tipo de descarga primaria que evita el rodeo que impone el sistema judicial.A partir de la tesis de Girard, se puede afirmar que la inocencia de las víctimas permite el imperio del principio del placer y con ello una descarga retaliatoria inmediata, evitando el principio de realidad impuesto por el sistema judicial propio de los Estados modernos.El discurso jurídico ha desarrollado una amplia tipología de víctimas según el grado de culpabilidad o responsabilidad de las mismas. Hay víctimas enteramente culpables y al no dejar de ser víctimas conservan derechos civiles. (Neuman, E, Victimología, ed Universidad, 1994). La concepción de las víctimas sostenida por el discurso jurídico implica un mayor gasto de energía, ya que un proceso judicial impone esperas y disgresiones. Dichos rodeos son los que otorgan las garantías procesales necesarias para una inclusión social plena de los ciudadanos en el Estado moderno.En última instancia, Su discurso no dice nada de las responsabilidades de toda la sociedad sobre las injusticias que pesan sobre quienes ven sistemáticamente violados sus derechos humanos más elementales. La inseguridad tan temida es un tipo de violencia retaliatoria de una clase social sometida a la violencia cotidiana de ser testigo de la opulencia a la que jamás podrá tener acceso. La inseguridad parece que es el precio a pagar por acumular riquezas en una sociedad desigual. Quien quiera exigir seguridad deberá ante todo pensar qué ha hecho para generar una sociedad más justa y, por lo tanto, más segura.

* Magister en Psicología Social Comunitaria. Docente e Investigador de la UBA.© 2000-2009

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